Las locas aventuras de Fura (el ultimo macarra sentimental)
Cuentos y relatos para no dañar las neuronas propias ni ajenas. Total...nadie me va a creer!!

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Viaje hasta Conquin (V... y último)

Por la tarde, siguiendo el mapa que me había dibujado Yan, me dí una vuelta por las calles de la ciudad e intenté memorizar el recorrido para cuando fuera de noche. No me resultó difícil porque las indicaciones eran precisas, y la casa la más grande del contorno. No se podía distinguir nada desde fuera porque los muros de piedra eran altos. Se intuía un patio grande detrás de la puerta principal, por el ruido de una fuente y por los grandes árboles que sobresalían. Pero ni una sola voz.
Al girar la esquina, volví bruscamente la vista atrás y pude distinguir fugazmente una figura de mujer que se ocultó enseguida al verme. Joder, que bien viven los narcos en todas partes del mundo, pensé. Pero, si todo salía bien, ni todo el dinero del mundo le serviría para conseguir una cuernectomía en condiciones, que esas cosas no se operan.

Volví al hotel, e hice tiempo a que se hiciera de noche. A una hora prudente, me puse la chupa de cuero y el vaquero negro (por aquello del camuflaje nocturno) y me dispuse a recorrer el mismo camino que por la tarde me había llevado hasta la casa del mafioso. Se suponía que la chica me estaría esperando en una especie de cobertizo cercano, pero yo ya me empezaba a temer una emboscada o algo así. Pero no; allí estaba esperándome. Bendije mi buena suerte mientras observaba el rostro de la muchacha iluminado por la luz de la luna (bueno, quizás fuese el alumbrado municipal; para el caso, es indiferente). El capullo de Yan tendría malos ratos, pero no malos gustos. Ya me entraban incluso ganas de aumentar el número de cornúpetos de la comarca, pero me consideraba un macarra con palabra y eso era un serio impedimento. La chica se llevó una sorpresa morrocotuda al verme, y se tapó con las manos la boca para no gritar. !Coño, tan feo no soy! pensaba, hasta que reaccioné y me dí cuenta de que mi socio no hábría podido decirle que era yo quien acudiría a la cita ese día. ¡YAN! le dije, un par o tres de veces (total, era lo único que sabía de mandarín) hasta que se calmó un poco. Me acerqué y le entregué el folio que había encontrado y que tenía escritos algunos párrafos en su idioma. Finalmente, miró para los dos lados de la calle y se sumergió en la oscuridad de la noche hasta perderla de vista.

Me ajusté la chupa y, cuando me creí a salvo, encendí un cigarrillo y silvé una cancioncilla para quitarme los nervios y porque lo había visto hacer en un montón de películas de cine negro. Además, así, con pinta de despistado permanente, parecería menos sospechoso. Finalmente, no había resultado tan difícil.

Al día siguiente, me subí a aquella especie de todoterreno que me serviría de transporte y conduje hasta las afueras de la ciudad. Paré en la gasolinera (coño, que hasta en los paises comunistas las tienen) y llené el tanque de combustible. Al subir de nuevo, Yan estaba ya en el asiento de al lado, sonriente. Me dio las gracias y me indicó la dirección a seguir hasta Yin Bao, donde pude conocer de cerca aquella sociedad que tanto me interesaba.

Lástima que me hicieran prometer, antes del regreso, que no contaría nada de lo que había visto. Y, como soy un hombre de palabra, nunca lo haré. Pero me quedó muy claro que nuestra organización social distaba de la suya los mismos años que les llevábamos en adelanto tecnológico.

En fin, la próxima vez que quiera conocer una sociedad matriarcal me iré al País Vasco, que es más tranquilo....¿ o no?

2003-08-19 | Lo dice PaCotilla a las 04:14 | 0 Comentarios | #

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