Las locas aventuras de Fura (el ultimo macarra sentimental)
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El inmenso poder de la palabra

A cuento de todo el lío que se ha montado por la bitácora de Martin Pawley sobre Fermin M. y con la historia de la desaparición (espero que temporal) de algunos blogs, me revolotea una y otra vez en la cabeza la idea de lo poderosa que puede ser la palabra. Siempre me ha resultado llamativa la capacidad incendiaria del lenguaje humano.

El problema, a mi modo de ver, radica en que la palabra pertenece a quien la pronuncia; pero sólo desde el momento de ser ideada y elaborada mentalmente hasta ser pronunciada. A partir de ahí, pertenece a quien la lee o escucha. La palabra se vuelve libre y se convierte en lenguaje. Y el lenguaje es peligroso porque es la expresión de la libertad individual.

Por eso los dictadores de todas clases matan primero a los escritores y luego a los lectores (no necesariamente en ese órden). Queman los libros en las plazas, pero luego presumen de tener las mejores bibliotecas. Repudian el diálogo. Es el inmenso poder de la palabra la que nos hace libres y lo que da miedo a los mediocres.

Por eso los mediocres se unen en grupos, para presionar a otros grupos de mediocres, y de esta manera crear un falso debate entre ellos que ahogue la libertad de pensamiento y expresión de los demás. De ésta manera, cuando gente como Martin P. ejerce su legítima libertad individual de pensar y expresar, es rápidamente encasillado en uno u otro grupo ("o estás conmigo o estás contra mí"), en un intento por anular y deslegitimar sus palabras por el simple hecho de ser libremente expresadas.

Del mismo modo, cuando uno escribe algo en una bitácora que se publica, debe saber que lo escrito ya no le pertenece, y que por tanto puede ser comentado, compartido o disentido sin que eso deba suponer una crítica a la persona que lo escribió; porque, al ver la luz, cada palabra se convierte en una idea. Y las ideas sólo se combaten con ideas. Y las palabras sólo se combaten con palabras.

Cada palabra de los demás, compartida o no compartida, lleva escrita en ella parte de mi libertad. La defiendo, aunque sea la de mi enemigo. Porque es libertad de expresión. Porque las palabras no se pueden matar.

Por eso los dictadores mueren siempre ahogados por sus propias frases y enterrados en un manto de silencio.

2003-09-09 | Lo dice PaCotilla a las 05:20 | 1 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: Oze (El Erizo Azul) Fecha: 2003-09-09 19:47

Efectivamente las palabras tienen gran peso e importancia, pueden hacer reir o llorar con la misma facilidad con que las pronunciamos... por eso creo que hay que tener cuidado con lo que se dice a menudo, pensar en los sentimientos que provocamos o podemos provocar... no para callarse uno lo que desee decir, en absoluto, sino para tratar de expresar nuestras ideas con autoridad y respeto a la vez (y sin necesidad de caer en lo políticamente correcto, de verdad)



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