Las locas aventuras de Fura (el ultimo macarra sentimental)
Cuentos y relatos para no dañar las neuronas propias ni ajenas. Total...nadie me va a creer!!

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La vera historia (IV, e última)





No ha menester comentar la angustia, la vergüenza e más el deseo de venganza que fizo presa en mi alma doliente. Poseído por la justificada furia, acudì a mi señor el Almirante para pedir justicia, la cual, por su cargo, correspondìa ejercerla a su hijo Dn. Diego; no era otra mi peticiòn que la de batirme en duelo con aquellos despiadados que al mando de Dn. Gonzalo de Tuy habíanme partido el corazòn e la vida. Pero no estaba el frío hijo del buen almirante por perder una sola vida de su tripulaciòn por causa de un altercado con indìgenas que ni siquiera formaban parte de la cristiandad. Fueron asì, al mismo tiempo, denegada la mi peticiòn e más heridos mi orgullo e la mi dignidad de hombre, por lo que decidì, contra la voluntad de Dios, tomar venganza por propia mano.

Hice tal cosa sin el menor sentimiento de piedad con aquellos depravados hombres, arrojando luego sus cuerpos a la laguna junto con sus armaduras. Fui luego hasta el poblado, e tras de llorar a los muertos e a la mujer que había amado, siguiendo sus costumbres e tradiciones incinerámosla e arrojè las sus cenizas a uno de los màs bellos lagos cubierto por nenùfares e con abundancia de orquìdeas en sus orillas. Eran pasados los cuatro dìas de mi cumpleaños e pasados otros dos del dìa de San Lorenzo, aquel en que sus làgrimas asomaban en el cielo. Pero no fue hasta dos más tarde en que miles de estrellas fugaces iluminaron por fin la bóveda celeste. E ya por siempre aparecieron dos dìas después de San Lorenzo, por designio divino o de la naturaleza, que ya no sabìa yo si eran la mesma cosa, e ablandò de paso dicho designio el corazòn del Almirante Colon, quien, en cuanto tuvo conocemiento de la injusticia impartida, decidiò perdonar la mi acciòn, embarcándome en Haitì en el barco de provisiones con destino a España.
Sabiendo del destino cierto del que serìa presa a mi llegada (la muerte tras consejo de guerra sumarìsimo), otorgome el buen almirante una carta del su puño e letra para mi señora la Reina, en la que le relataba que el tal Fura habìa sido encontrado muerto en las nuevas tierras e que yo era el portador de esa e otras màs noticias que eran de su real interès, presentàndome en la mesma como Fernando de la Guardia, e luego encomendandome a sus cuidados, pidiendo para mi persona recompensa por la parte que me correspondìa por el descubrimiento de nuevas tierras, ya que el mesmo tardarìa seis meses màs en llegar para rendir cuentas a los reyes de Castilla.
Durante el viaje habìa decidido que puesto que ya me habia vengado de la Milicia, ahora lo farìa de la Iglesia e de los Britanicos, tal e como a mi partida me había prometido en firme. Asì pues, relatè a la Reina los avatares del buen Fura, pero ligeramente (por así decirlo) tergiversados por mi mesmo, de manera tal que la Reina, profundamente conmovida por el mi relato imaginario e fantàstico, promoviò ella mesma el proceso de canonizaciòn de FURA ante el Obispo de Valladolid. Las principales causas en la canonizaciòn e más elevaciòn a los altares fueron:
--el uso de las armas para la defensa e salvaguarda de la honra de una nativa, junto con unos compañeros muertos en tales hechos.
--el que al enterrarlos al lado de una laguna crecieran misteriosamente cientos de neùfares e flores maravillosas varias.
--Que tras arrepentimiento por el uso de las armas, había estado rezando dos dìas seguidos, durante los cuales no hubo la acostumbrada lluvia de estrellas en el horizonte, hasta que puso fin al su rezo.
--Que en concluyendo sus oraciones fue encontrado muerto por la pena de sus pecados, e que dado que no se le había conocido relaciòn carnal, podìa ser considerado virgen y martir..

Asì pues, entretejida aquella patraña, por no contradecir a nuestra señora la Reina de Castilla, tenìa yo la absoluta seguridad que los doctores de la Iglesia dictaminarìan, como asì fue, la elevaciòn a los altares de San Fura Inmaculado, Virgen y Martir. E desta manera, conseguìa yo venganza de lo Curia, colando en su santoral al patròn de los Pendencieros. Aùn hoy rìome cuando mi cerebro recuerda los tales hechos.
Ya solamente me quedaba dar parte al embajador del rey de Inglaterra del hallazgo, al norte de Nueva Cartago, de los indicios abundantes de oro e piedras preciosas, que no deberìan dejar mas tiempo en manos españolas. ¡¡Cuantos buenos Ingleses habìan de morir en el intento de controlar aquellas tierras llenas de pantanos e de mosquitos!!. E de seguro que luego seguirìan allì por cabezonería durante séculos. Costóme controlar la risa al salir de la casa del embajador británico. La venganza estaba ahora pues completada.

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El abad del Monasterio de Poio riòse a carcajadas, e luego, tras de secarse las lágrimas producidas por la risa en su rostro, díjome: "Bueno, bueno, Fura...Ego te Absolvo...con la conditio de que te alejes lo màs posible del mi monasterio....non vaya a acontecer que me revoluciones el claustro" E después de despedirse con un abrazo fraternal, alejòse de la iglesia riendo el solo e meneando la cabeza con incredulidad.
No hay nada como una cristiana confesión para sentirse sin el peso de los pecados, e poder volver nuevamente a estar en disposición de pecar para ser nuevamente perdonado, e asì sucesivamente. Gran religiòn la cristiana; en otras confesiones, por los mis hechos me hubieran lapidado, crucificado o flagelado; en cambio, a mí solo me había hecho falta un Ego te Absolvo, e ademàs, por ser sagrado secreto, el buen Pater ni siquiera podía contarselo a nadie...Ademàs..¿quien iba a creerle?


(Fin de la historia)

2003-06-24 | Lo dice PaCotilla a las 06:25 | 0 Comentarios | #

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