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Las locas aventuras de Fura (el ultimo macarra sentimental) |
Cuentos y relatos para no dañar las neuronas propias ni ajenas. Total...nadie me va a creer!!
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La vera historia... (II)
... E así fue como provocáronme unos marinos Ingleses, por Colòn hijo bien pagados, con la excusa de la disputa por una no se cual dama, de cuya reputaciòn (mala) nadie dudaba; no pude rehusar aquella pelea por mi no iniciada, e dada mi bien ganada fama de mujeriego e pendenciero, no dudaron los hijos del Imperio Britanico en denunciarme ante las autoridades civiles e ante la inquisiciòn como provocador de los hechos tales. Ajeno yo a lo que en torno mio se urdìa, acudì al tribunal mixto, formado al tal efecto, convencido de la declaraciòn de mi inocencia. ¡¡Vive Dios que no hubo tal!!, e para cuando descubrì mi embaucamiento, ya sòlo tenìa dos opciones: una larga temporada en los calabozos del castillo Real o enrolarme "voluntariamente" en el cuarto viaje a las Indias. Tardè en tomar la decisiòn lo que una lucièrnaga en apagar su luz cuando se acerca un murcièlago. Me despedì de la mi familia e de la mi novia en aquel puerto, e subì a bordo de la bien pertechada caravela maldiciendo la mi mala suerte, e prometiendo venganza de los Ingleses, de los Curas e de la Marina de Castilla. Puesto que la travesía e las condiciones del Océano vasto eran ya bien conocidas de los anteriores viajes, se hizo corta la distancia, animada ademàs por mis deseos de venganza. Pasamos por las pequeñas Antillas, por Puerto Rico, más tarde por las Gandes antillas e a partir de aquì dirigimos la nave más hacia el sur, en busca de tierras desconocidas. Hallàmoslas a la tercera semana de travesìa, estando en total creencia nuestro Almirante de que se trataba de las tierras del Quersoneso de Oro (SE de Asia). Estaba yo convencido por mi parte de que aquellas tierras no correspondìan a parte alguna de las Indias, pero era menester, dada mi situaciòn, mantener por el momento en el silencio las mis ideas (posteriormente habría de llamarse a aquellas tierras Costa Rica, por su abundancia e más exuberancia). El litoral era bajo, arenoso e poco profundo, casi rectilìneo, con numerosas lagunas, en una de las cuales anclamos la nave. Vivìan en aquestas orillas las gentes de un pueblo que hacíase llamar Boruca. Eran aquellos habitantes agricultores e artesanos, e puesto que la misiòn que nos guiaba era descubrir e non conquistar, nos recibieron en paz e con la mucha sorpresa e curiosidad reflejada en sus rostros. Fueron bautizadas aquellas nuevas posesiones reales como Nueva Cartago. 2003-06-19 | Lo dice PaCotilla a las 07:55 | 0 Comentarios | #
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